Ver que te quedan 5 minutos para salir de clase. Coger arena con las manos y dejar que se escurra muchas veces. Besar lentamente. Una carta escrita a mano. Que el nick de alguien esté dirigido a ti. Pensar metido en la cama. Su sonrisa. Hacer equilibrio en el bordillo de la acera. Un te quiero sincero. Pasar horas y horas a tu lado. Romper el papel de los regalos. Las manos de mi abuelo. Darle el dedo a un bebé y que no te lo suelte. Mirar al mar. Leer las letras de las canciones como si fueran poemas. Mirar juntos las estrellas. Cuando se queda el olor de una persona en tu almohada. El cosquilleo de los 5 minutos antes de tu primera cita con alguien. Quedarte unos segundos recordándolo. Ver que hay niños que hacen lo que tú hacías cuando eras pequeño. El olor a gasolina o el de los rotuladores permanentes. Encontrar nuevos huecos fríos en las sábanas de mi cama. Que me abraces sin que te lo pida. Pensar en que pensará. Una mirada que lo dice todo. Quedarme mirándote sin saber que decir. Escuchar mi propia respiración mientras tengo los oídos bajo el agua. Detener el tiempo cuando estoy contigo. El sonido de las maquinas de escribir antiguas. Recibir un mensaje inesperado. Buscar cualquier escusa para estar contigo. Darte lo que me pidas. La última frase de un libro. Cogerte de la mano. El olor de los libros nuevos. Los días antes de hacer un viaje. Ser tu primer pensamiento al despertar.
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